lunes, 6 de diciembre de 2010

Recuerdos

Mi mirada recorre todas las fotos de la habitación. Me duele mirarlas. Salgo de ella y echo a andar por la calle. Recorro el barrio sin saber donde ir, sin saber donde poder parar y mis pies recorren como cada día el curioso camino que llega hasta su casa. ¿Qué he hecho? ¿Qué hago aquí de nuevo? Paso de largo sin detenerme, sin mirar atrás y sin pararme a pensar. Entro en el frondoso parque de la ciudad y me siento en la hierba. Dejo que el viento me de en la cara y me refresque las ideas. Saco de mi mochila un lápiz y un papel, y dejo que las letras fluyan y se dispersen por el.

¿Nunca te preguntaste como pudo suceder todo? ¿No se te paso por esa preciosa cabecita tuya el porqué de esto?
Se que siempre solemos echar las culpas a los demás, hacernos creer en nuestro interior que nada tiene que ver con nosotros mismo, pero no es cierto. Nosotros también nos equivocamos, tanto tú como yo, todos tenemos nuestros errores. Otros en cambio aceptan lo que son, y no se engaña así mismo y saben cual es la verdad. Pero eso no parece tu caso. 



¿Qué nos paso? Tú y yo éramos la pareja perfecta, nos queríamos nos lo contábamos todo y más, éramos la felicidad plena. Al menos eso era lo que yo sentía. Pero parece que esa felicidad no te duró para siempre. Cada noche antes de dormir cierro los ojos y lo único que veo y la única imagen que veo pasar por mi mente son tus ojos, esos preciosos ojos verdes que antaño me decían “te amo” con una sola mirada. Esa mirada que me enamoró de ti, esos ojos llenos de recuerdos felices, los mismos que se oscurecían con las lágrimas que te secaba con mis propios dedos. Recuerdo como cada día que nos encontrábamos me quedaba anonado contemplando tu rostro y después te susurraba que lo que hacía era grabar milímetro a milímetro tu rostro en mi corazón, haciéndome prometer a mi mismo que sería esa cara la única que tendría que contemplar toda la vida, día tras día apreciando el cambio, creciendo con ella. Por que, amor mío, contigo comprendí muchas cosas, entendí que es el amor o al menos eso pienso yo. Comprendí y aprendí a amarte, simplemente me encantaba y eras esa luz que me guiaba en el camino. Aprendí que cuando de verdad amas a alguien solo tienes ojos para esa persona, y yo solo tenía ojos para ti. Pero tú no, nunca llegaste a quererme de ese mismo modo y parece que yo no era ese chico de tus sueños.
Tú, tan risueña, tú, tan verdadera, tú, siempre tan sincera, tú. Tus recuerdos vienen y van y me hacen daño. No los puedo detener. Tu dulce voz, tu sonrisa pícara y coqueta, tus abrazos y tus suaves susurros entre besos que decían en mi oído que nunca te soltara, que te abrazara siempre más y mas fuerte para que así no pudiera escaparme. Ahora todos estos recuerdos se clavan en mi interior como púas al rojo vivo. ¿De verdad eras sincera? ¿De verdad me querías?
Lo único que ahora se es que ya no estas a mi lado. De la noche a la mañana todo cambió ¿Y por qué cambió? ¿Por qué se rompió este amor? Me lo pregunto a cada segundo y llegué a la conclusión de que algunas cosas en la vida no tienen sentido, simplemente suceden. Llámalo destino, llámalo vida o llámalo como quieras.
Te cansaste de mí, como si yo solo hubiera sido un muñeco más de tu colección de juguetes. Y eso es lo que hiciste, jugaste conmigo. Te echo de menos y te amo, pero no hay nada que hacer para que todo este bien. Esta vida no esta echa para que los dos estemos juntos.
Solo me gustaría decirte unas palabras más, y es que quiero que sepas que todos los momentos vividos contigo hasta el final han sido maravillosos y que no me arrepiento de nada. Has dejado una huella en mí, al igual que yo la habré dejado en ti.
Por último y con gran esfuerzo, con palabras muy hondas y sinceras me gustaría decirte que quiero que seas feliz, que encuentres a alguien a que quieras más que yo, y que no le partas el corazón como has hecho conmigo. Solo me queda decirte que nadie podrá quererte como yo te he podido querer, porque no sabrán apreciar en ti esos pequeños detalles que todo el mundo clasifica como errores y yo como virtudes. Suerte, se feliz, pero espero no volver a verte.






No firmo la carta, sabe de sobra quien soy. El viento helado me golpea la cara. Las hojas de los árboles se revuelven. Mis pies caminan de nuevo hacía su casa. El cielo esta oscuro y grandes gotas empiezan a caer. Mientras camino me mojo más y más pero nada importa. Introduzco en su buzón la carta y salgo de allí, seguramente, para no volver nunca más.